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Taller Literario
Buenos Aires - Argentina
Taller Literario coordinado por la Docente Y Psicologa Social Silvana Ghiandoni.
Los encuentros se realizan en el "Centro Cultural y Politico Mariano Moreno" sito en Rivera y San Martin, Lomas de Zamora. Los días sábados de 10.00 a 12.00 Hrs.
Lo integran los siguentes talleristas: Laura Barnes, Fabian Di lernia, Juan Cholo Villalba, Stella Maris Fusito, Silvia Garbati, Hugo Rega, Norma salas y Elizabeth Lopez.
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Últimos comentarios de este Blog

21/01/11 | 15:34: German William Cabassa Barber dice:
Es interesante como las ideas pueden llegar a nosotros, estoy planificando una novela la cual en el \"working~draft\" lleva ese título \"EL CLUB DE LOS INMORTALES\" (aunque no tenía la temática de estos tres personajes sino de otra cosa,) y para asegurarme que ese título no se hubiese usado antes lo busco en internet, me tope con vuestro cuento. Por cierto e leído las tres novelas a las que ellos pertenecen y las poseo, mi biblioteca es muy amplia-te diré-algo noté que quiero comentar. Aunque el \"fan`s fiction\" realmente-hoy día- NO ME GUSTA creo que falta el respeto a los escritores, lo encuentro como una brusca manera de demostrar admiración y deseos de estar tras una pluma ajena, a mucha gente le sucede, creo que puedo determinar en qué momento toma lugar tu cuento aunque con un Anacronismo, se supone que toma lugar después de Interviw pero antes de The Vampire Lestat, que era cuando ocurren los eventos que se narran en la biografía. El anacronismo surge por el MP3 que usa uno de los personajes, fuera de eso el cuento es uno muy bien construido. Interesante? El hecho de reunir estos tres personajes, yo hubiese pensado al menos en dos de ellos, Dorian y Lestat, lo hace una pieza muy curiosa. Yo tengo dos cuentos premiados y un poema ,\"Amor Prohibido\", \"Héctor está de Visita\" y el poema \"Ella\" búscalos, y me dices, están en facebook. La pajina se llama Fuego de los Dioses. Otra cosa, pero el titulo es una idea que ha llegado a dos personas que ni se conocen, nunca te has preguntado por que esto ocurre?
10/10/09 | 19:07: silvana dice:
stella: que linda poesía¡ gracias
05/09/09 | 22:24: Stella Maris Fusitto dice:
Hola Sil:me gusto tu cuento,tal vez porque creo que los que uno ama se pueden comunicar a pesar que se hayan ido de este mundo.¡Es un deceo muy imperioso!
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Clare Fabian Di Lernia



Clare

Era hora de tomarse esas merecidas vacaciones. Al fin de cuentas, por mas que ahorrase lo poco que podía, su situación no cambiaría demasiado. En Buenos Aires, la profesión de abogado penalista no tenía nada de especial;  solo sobresalían unos pocos, los que se ocupaban de los casos resonantes que aparecían en los medios y para eso había que tener contactos en las altas esferas  del gobierno  o de la farándula, era lo mismo. 

Después de unos años, había  acumulado algo de dinero aceptando causas que otros rechazaban y que pasaban desapercibidas por tratarse de imputados de poca monta. 

Quería descansar pero sobre todo conocer lugares poco comunes, no tradicionales. En el hemisferio sur era verano, y no soportaba el calor ni las playas así que decidió viajar a Europa, pero no al continente. Siempre le había intrigado la cultura irlandesa, por sus mitos y leyendas y los secretos de un pasado ancestral.

Un colega le había recomendado Clare, un pequeño pueblo costero del condado de Galway sobre la costa del Océano Atlántico. 

Eso sí que no lo escuché nunca- le dijo. Cómo hago para llegar hasta ahí?

Desde Buenos Aires no había vuelos directos,  de manera que debió viajar primero a Londres y desde allí embarcarse en un avión hasta Dublin.  Por tren llegó  hasta Galway la capital del condado, última ciudad relativamente importante, donde alquiló un auto para llegar al pueblo. Un viaje cansador, pero distinto.  Atravesando llanuras bajas, sembrados verdes y  pequeños lagos pudo confirmar  por qué esos paisajes le habían valido a Irlanda el sobrenombre de la Isla Esmeralda.

El pueblo, enmarcado por inmensos acantilados que bordeaban una pequeña bahía, conservaba su aspecto medieval.

Asomados a las pequeñas ventanas, los habitantes espiaban al recién llegado, escondiéndose detrás de las cortinas, como si algo les hubiese preanunciado su llegada. No estaban acostumbrados a recibir extranjeros, y la presencia de Milton les molestaba.

Su amigo le había reservado una habitación en el primer piso de  una pintoresca taberna en la calle principal donde lo recibió una mujer delgada, de facciones casi cadavéricas y pelo rojizo y enrulado.

El inglés de Milton era perfecto gracias a sus años de estudiante en un conocido colegio bilingüe de Quilmes, por lo tanto no tuvo inconvenientes para comunicarse.

La taberna era atendida por el matrimonio Kilbane.  Maeve, la mujer flaca era la encargada de la cocina y la recepción de los huéspedes, Ian su marido atendía el salón que servía de restaurant durante el día y se transformaba en un pequeño pub durante la noche, donde los parroquianos, en general hombres,  compartían algunas cervezas y su pasión por inventar historias; la bebida  y las leyendas fantásticas perecen ir de la mano en Irlanda. 

Raras veces ocurrían hechos que removieran la pereza y quietud de este pueblo, casi fantasma.

Milton logró entablar cierta camaradería con Ian, quien, a pesar de sentirse constantemente vigilado por su mujer, se había acercado dando muestras de su generosa hospitalidad.

Una tarde  Milton caminaba por el muelle donde antiguamente se amarraban pequeñas barcazas de pescadores y mensajeros, y que hacía tiempo estaba en desuso, cuando observó a lo lejos y en el mar, una pequeña luz intermitente que le atrajo, una señal chispeante como la luz de un faro.

Afinó un poco mas la vista y  distinguió que provenía de una pequeña isla. Calculó que unos mil quinientos metros la separarían del continente.

En el pueblo nadie se la había mencionado cuando preguntó por lugares para visitar.  Eso lo intrigó aún mas, e impulsado por  su espíritu curioso e indiscreto quiso explorarla.

En el mar, la luz seguía titilando. Amarrado a un pequeño pontón encontró un desvencijado bote de remos que aún flotaba y emprendió el viaje remando sin pausa hasta que la campana de una boya que no pudo ver debido a la espesa niebla que lo rodeaba,  le anunció la proximidad de la costa.

Sujetó el bote a unos pilotes de madera enmohecida y se adentró en un sendero pedregoso que lo condujo hasta un inmenso murallón. Lo bordeó hasta toparse con un portón de hierro con un cartel que anunciaba Entrada de Proveedores.

Sintió que debía manejarse con cuidado por lo que entró sigilosamente, quería evitar ser visto u oído. A pesar de ello, desde adentro de una especie de garita una voz masculina lo sorprendió.

-          Buenas tardes doctor, adelante – Dijo la voz.  Acompáñeme.

Sin tiempo para reaccionar siguió los pasos de quien, aferrándolo de un brazo,  lo guiaba  por húmedos pasillos pobremente iluminados por los débiles haces de luz que ingresaban desde unas pequeñas aberturas protegidas por gruesas rejas de hierro.

-          Quien es ud? – le preguntó – Donde estamos? – quiso saber Milton.

-          No me recuerda? Soy Thomas, el carcelero – se presentó el hombre. No se preocupe, sígame que ya estamos cerca.

 Al llegar al final del pasillo, giraron hacia la derecha  para retomar un pasadizo bastante mas angosto en cuyo piso inundado, una rata pestilente husmeaba buscando algo que comer.

-          Hace mucho tiempo que nadie viene por aquí – agregó el carcelero mientras apuraba el paso demostrando conocer el lugar como la palma de su mano – Lo tienen abandonado. Estoy seguro que ni ud. va a poder ayudarlo.

-          Pero yo.... – Milton no pudo terminar la frase cuando se topó con una enorme reja oxidada que lo separaba de una oscura celda donde un personaje harapiento, de cabellera larga y rubia y barba tupida yacía acostado en un mugroso catre.

-          Aquí está, esperando que lo guillotinen mañana– anunció Thomas con la mirada fija en el prisionero – Es hora que terminen con este asesino criminal desgraciado.

Al escuchar el movimiento, el condenado se levantó precipitándose hacia la reja agitando furiosamente los brazos, dejando entreveer sus dientes destruidos y putrefactos, mientras aullaba palabras incomprensibles entre estruendosos gritos guturales.

Milton, horrorizado por la imagen, corrió huyendo de los rugidos del prisionero que aún retumbaban detrás  tratando de alcanzarlo.

Perdido en el laberinto tenebroso de pasillos, entre heces, ratas, hierros, retorcido y maderas chamuscada, pudo llegar a la salida, respirando agitado el aire oscuro y frío de la noche.

Trepó al bote, y rápidamente alcanzó la otra orilla. Corrió hasta la taberna, donde Ian parecía esperarlo.

Estuve en la isla, Ian – le dijo jadeando entrecortadamente – Estoy aterrado - y cuando recuperó el aliento le relató lo sucedido. Le habló de la muralla,  de  los pasillos, las ratas, el bote y el aullido del condenado.

-          Sorprendente – Dijo el flemático Ian y agregó – Esa prisión se terminó de construir en el año 1747 y albergó durante mucho tiempo a  peligrosos criminales condenados a muerte que esperaban algún milagro que los liberase – y continuó – Un voraz incendio la destruyó en 1927. Dicen que fue causado intencionalmente por un carcelero llamado Thomas. Quizás haya sido ese el milagro que esperaban, porque todos murieron, incluído Thomas, aunque los cuerpos nunca no fueron encontrados. Nadie había estado allí desde entonces....- agregó haciendo una pausa, mientras Milton lo observaba mudo y perplejo.

- Vení, sentate – le dijo tomándolo del brazo y acercándole una silla -  Tomate una cerveza que te sigo contando – señaló conjugando su pasión por la bebida y por contar historias.

 

Fabian


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